A PESAR DE TODO- CAP. 01: Empecemos, otra vez.

Conduzco sin saber realmente a donde voy, tengo los ojos empapados en lagrimas y solo puedo recordar cuan idiota fui . La amaba más que a cualquier persona en el mundo y la encontré en la cama con mi mejor amigo.
No consigo ver casi nada, está lloviendo y me adentro en un bosque, poco o nada me importa morir en el camino. La cabeza no me da para más, veo un enorme árbol frente a mí, piso el acelerador , el corazón late a mil, tomo aire y… embisto el auto contra el roble.
Aturdido bajo de coche, tengo pedazos de vidrio incrustados en el cuerpo y un par de huesos dislocados, lo curioso es que alrededor de ese gran roble no existe ni un árbol más, como si alguien viviese cerca y los hubiera talado, a lo lejos escucho algunos gritos y con la poca fuerza  que me queda me dirijo a ver lo que sucede. Mientras más cerca estoy, los gritos eran más fuertes y desesperados, como sí una multitud de personas trataran de huir de algo, el miedo se apodera de mí pero la curiosidad es mucho mayor.

Por fin ciento estar demasiado cerca y tras unos arbustos alcanzo a ver un cúmulo de sombras negras son rostro arrastrando algo que parecía ser un hombre, éste se resistía y detrás de ese cúmulo una especie de demonio los seguía, enorme y  sin ojos. El hombre gritaba y luchaba para que lo liberaran pero sus esfuerzos eran inútiles, fue llevado arrastras hasta el gran roble donde las sombras aparentemente sin conciencia lo sujetaban mientras el enorme demonio se acercaba y decía.
-(“No luches más Sebastián, nos ha costado mucho traer tu alma pero ya es tarde, fallaste y ahora sólo serás una sombra más”)
A lo que él responde:
-¡NUNCA! ¡Déjame en paz maldita sea!
La lucha es constante pero el joven no tiene la fuerza de mil hombres y mucho menos la fuerza de millones de sombras enfurecidas. Lo cubrieron por completo, su llanto era desgarrador y yo ni siquiera podía pararme.
Estupefacto solo alcanzo a ver cómo las sombras se retiran una a una y el muchacho desaparece entre ellas, sin rostro ni voz, ni conciencia.

El demonio y su ejercito de sombras se retiran y yo trato de arrastrarme en dirección al  coche con la única esperanza de encontrar mi teléfono móvil y llamar a la policía. Una vez dentro del auto pongo seguro a las puertas para que ninguno de esos demonios puedan atacarme, caigo rendido y no me quedan fuerzas, marco al 911, les pido que vengan a recogerme.
La llamada se corta y mis esperanzas desaparecen.

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