ÚLTIMOS DÍAS -DÍA 03: Superaremos esto juntos.

-Amor por favor despierta, eres fuerte, levántate por favor.
Doctor, haga algo se lo ruego.
-Sólo está desmayada, no es nada de que preocuparse.
-No se ha despertado desde ayer, ni para desayunar o cenar, estoy muy preocupado.
-Tienes razón pero lo más seguro es que despierte en cualquier momento. Lo atenderé luego, tengo cosas que hacer.

Después de unos minutos sin responder, puedo notar cómo ella abre poco a poco sus delicados ojos. Al despertar y sin recordar casi nada pregunta:
-¿Qué pasó?
-El doctor dice que duermes demasiado.
-Eres un tonto, cuéntame, ¿qué dijo el doctor acerca de la operación?
-Que todo estaba en orden, nos ha dado citas  con un psiquiatra para ayudarnos a afrontar esto y me pidió que no te hiciera enfadar.
-Siempre haces que me enfade, está en ti eres un idiota pero te quiero y gracias por no abandonarme en este momento. Muy en el fondo necesitaba que estés a mi lado y perdóname por tratarte mal anoche.
Créeme que mi alma está hecha pedazos, sabes mejor que nadie por todo lo que pasé hasta este punto de mi vida; me abandonaron, me maltrataron, me violaron, perdí a mi niño, me perdí a mí misma.
-Tranquila amor, superaremos esto juntos, iremos a las terapias, mi madre me pidió que la visitemos cuando por fin te encuentre y después de eso nos iremos muy lejos, donde nadie nos conozca, donde nadie nos haga daño y seremos muy felices.
-Amo tu forma de ver el mundo, haces que todo parezca más fácil.
Tengo hambre, puedes comprarme algo?
-Puedo decirle a la enfermera que te traiga algo.
-Todo el mundo sabe que la comida en el hospital da asco.
-Está bien te traeré algo. No demoro.
-Te amo.
-Sabes muy bien que yo también te amo.

Él sale por esa puerta corriendo como un niño, es la mejor persona que  he conocido en mi vida. Sí, leíste bien, no pienso conocer a nadie más, mucho menos seguir con mi vida.
Me aseguro que no haya alguna enfermera cerca y aseguro la puerta por dentro. Busco en la  cómoda unos bisturí que guardó la enfermera que me acompañaba después de la operación.
Las manos humedecidas por el nerviosismo, mi cuerpo temblando de miedo porque sabe de la estupidéz que haré.

Con el bisturí a la altura de la yugular cierro los ojos y mi ultimo pensamiento es “Ya no hay nada después de esto, sufriste todo lo que tenías que sufrir, no puede ser peor y ésta es la única forma de acabar con este dolor, no eres una cobarde, no puedes dar un paso atrás, solo hazlo”.  Así que empuño con todas mis fuerzas y logro atravesar la arteria.
En el instante mucha sangre sale de mi garganta, no puedo respirar, alguien toca la puerta pero no pienso moverme, tocan cada vez con más prisa y golpean la puerta desesperadamente. Se oyen personas discutiendo detrás y puedo escuchar a Gabriel muy furioso. Él finalmente pudo derribar la puerta pero ya es tarde.
Perdóname cariño, siempre te amaré.

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