MELANCOLÍA- CAPITULO FINAL: “ES HORA DE PARTIR”

Siento vergüenza al verme reflejada en un espejo, lo que pasó anoche es algo de lo que nunca querré hablar. Detesto a ese patán, esto no lo tiene que saber nadie, ellos no pueden saber cómo me encuentro; avergonzada, sucia… no soporto más esto lo denunciaré, no puedo vivir con este demonio en casa un día más.

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Siento pena por mí, he perdido gran parte de mi tiempo luchando por alguien que simplemente no me ama, lo que pasó ayer es algo que nunca olvidaré, detesto las voces en mi interior. Esto no lo sabe nadie, aquellas voces me manejan como marioneta y no soporto más esta mierda.

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Salgo de casa antes que Antonio despierte, voy a la estación de policías y le cuento al comisario lo que pasó la noche anterior, muestro la ropa rasgada, los moratones y los arañazos.
Ellos de inmediato llaman a una patrulla para encarcelarlo.

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Despierto, no tengo ganas de continuar un día más con esto, abro un cajón de la mesa de noche que está al lado de la cama, hay fotos de Naiara, papeles en los cuales escribí desde el primer día de novios hasta hace poco y… lo que buscaba, un revólver.

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La patrulla ingresa a la casa por la fuerza,  Antonio Intenta escapar. Al sentirse acorralado golpea a un par de policías. Uno de ellos le dispara en la pierna y entre cuatro hombres logran meterlo a la camioneta.

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Quito las vendas de mis brazos, han quedado costras de las heridas.  Y con el único fin de sentir dolor, araño esas costras  arrancándolas, sangrando, el dolor es casi placentero difícil de explicar. Solo quiero sentir algo más que mi corazón podrirse pero es imposible, aunque me flagele, no hay peor dolor que el de tu alma hecha pedazos. Las voces en mi interior se sienten preocupadas y escucho al unísono “No hagas una tontería”

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Se lo han llevado pero aún tengo una carga en mi pecho, un mal presentimiento y como un rayo que atraviesa mi cabeza escucho su nombre “Sebastián”

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Hay mucha sangre corriendo en mis brazos, no hay tiempo para pensar, el arma está cargada y lista. En mi boca está el punto final del libro de mi vida, salen las sombras de mi cabeza y noto que escriben con tinta negra en una foto la palabra “FIN”
Recuerdos, imágenes desde que era un niño pasan por mi mente, dudo por unos segundos.

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No, esto no está bien, siento que hará alguna tontería, el señor del taxi me lleva tan rápido que siento marearme, solo falta un par de cuadras, por favor Sebastián.

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Creo que es el momento, lo siento mamá, estúpidos amigos falsos los espero en el infierno. Naiara soy el peor cobarde en el mundo, quizás estés mejor con él.
Tiré del gatillo.
Aquel proyectil atraviesa el cráneo hasta encontrar una salida, el cuerpo cae en un enorme charco de sangre el cual se hace cada segundo más grande.

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¡SEBASTIÁN! ¡SEBASTIÁN! ¡ABRE LA MALDITA PUERTA!, no responde, no, no puede ser, la puerta tiene seguro. Busco alguna manera de entrar y la única forma es por una ventana en la parte trasera, con una piedra rompo el vidrio y consigo entrar a la casa, tengo algunos cortes en las manos y pantorrillas pero no importa. Corro hacia su habitación, la puerta está entreabierta…
No, esto no puede ser verdad, Sebas, tú no pudiste haber hecho esto. Hay fotos nuestras ensangrentadas, muchos papeles, todos firman “te amo tanto que me enferma”  además hay una foto sobrescrita con tinta negra y una letra que no es suya dice: “FIN”
No…puedo aceptar que esto es real, su cuerpo está tirado en un mar de sangre que aún brota de su cabeza, me recuesto en su pecho y como una niña rompo en llanto.
¡NO! ¡NO PUEDE SER! ¡TODO ES MI CULPA, NO ME DEJES POR FAVOR! ¡SEBASTIÁN DESPIERTA!
¡TE NECESITO!

Muchos curiosos acuden tras escuchar mis gritos de desesperación, llamaron a la policía y ambulancia, el sonido de las sirenas es estruendoso pero no quiero dejarlo ir.
Rompen la puerta, entran muchas personas con una camilla, recogen su cuerpo, los paramédicos lo dan por muerto y se lo llevan a la morgue. Sigo atónita, no sé qué hacer. Los oficiales preguntan y yo solo quiero huir.

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Han pasado dos años desde que te fuiste, no creo poder superarlo aunque tenga un millón de terapias, aunque borren mi memoria.
Solo espero seas feliz donde quiera que te encuentres, hasta siempre Sebastián.
Te amo.

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