MELANCOLÍA -Cap. 05: No he dejado de pensar en ti.

Ya son cuatro meses que no sé nada de ella, ni un mensaje, ni una llamada y no tengo la valentía de ir a buscarla.
Las voces en mi cabeza no se callan en ningún momento tanto que ya veo esto como algo normal; solo me relajo, cierro los ojos y dejo que esos demonios discutan entre ellos.

Antes de salir al trabajo, en un repentino arranque de adrenalina y estupidez escribí en una hoja de papel en blanco con un lápiz desgastado lo siguiente:

“Te fuiste sin dejarme esperanza alguna, los días se hicieron cada vez más horrendos. Te juro te juro que no sabes el infierno que se desata dentro de mi cabeza, noches enteras demonios golpean mi cara contra el piso recordándome cuan idiota soy, no puedo con esto, estoy harto y voces dentro de mi cabeza que me alientan a dedicarte estas palabras.
Me siento bien, estos meses han sido difíciles pero poco a poco te acostumbras, no deja de ser una mierda pero ya no importa, siento un gran vacío en el pecho. Solo recuerdo los buenos momentos a tu lado, te necesito aquí conmigo, no he podido dormir una sola noche desde aquella discusión.
Te amo como nunca antes he amado a nadie, espero puedas reflexionar un poco y que todo esto termine bien. Debo confesarte que tengo mucho miedo

Sigo con la rutina de siempre y al salir de la oficina me dirijo directamente a su paradero con la esperanza de encontrarla, darle la nota y huir. Es una mala idea pero ella sabría lo que siento.

Llego a aquel lugar las nubes están negras y empieza una pequeña llovizna. Me es difícil encontrarla entre ese montón de gente que también espera el bus. Pero ahí estaba el amor de mi vida… en los brazos de otro tipo y ese brillo…ese brillo en sus ojos era inconfundible. Una voz dentro me decía: (“Vamos inténtalo, quizás solo sea un amigo”) Pero otra voz me gritaba: (“HUYE, ESTO NO VA NADA BIEN”)

Decidí ir a por ella, la saludé con un beso, pero el tipo no la soltaba en ningún momento.
Le entregué la nota arrugada y le dije:
-No he dejado de pensar en ti.
Ella la recibe muy incómoda y miraba al hombre con miedo y vergüenza a la vez. De pronto el galán pregunta:
-¿Quién es este, amor? –Me quedé frío, no me respondía ningún sentido.
-Dime que es mentira—Naiara me mira muy seria y sentencia:
-No Sebastián.

Llegó el bus, él la abraza y ella tira la nota sin siquiera leerla, Vi la carta deslizarse lentamente hasta caer en un charco. La gente desesperada me empuja para subir a aquel bus, pero no logro sentir nada, ni los empujones o gritos que pegaba la gente apresurada por subir al bus. Estoy totalmente desconcertado, no hago más que mirarlos. Al partir el bus recogí la nota y sentía como la rabia y tristeza destrozaban mi pecho como cavando para poder salir de este estúpido cuerpo.

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