MELANCOLÍA- cap. 01: Despierta.

Escucho una voz… “Amor despierta, tienes que ir al trabajo,  ya es muy tarde”.
Aquel tono dulce e inconfundible, solo podía ser la de mi esposa, Naiara.
Ella es mi mundo, tenemos dos años de casados, pasamos hermosos momentos, superamos todos los problemas juntos y aún nos amamos pese a tantas dificultades.

Me visto y corro hacia la mesa, tomamos el café; ella, al verme con esos ojos marrones me dice todo sin pronunciar siquiera una palabra, todo es perfecto a su lado.
Acomoda mi corbata y con un beso nos despedimos.
Ya un poco alejado volteo para verla por última vez  y al regresar escucho el sonido desgarrador de un disparo. En ese preciso instante siento un dolor insoportable en el  abdomen; quema y arde como si alguien te apagara mil colillas de cigarrillo en el estómago, no hago más que tratar de cerrar la herida con mis manos, tengo miedo, estoy desesperado y siento mucho frío. Naiara exaltada, pidiendo auxilio, llorando y gritando corre hacia mi, se recuesta en mi pecho, ella pide que no la deje sola; cielos, nunca la había visto tan angustiada, hacía esfuerzos por tratar de calmarla, entre balbuceos le decía “Estaré bien amor” y acariciaba su hermoso cabello pero nada la calmaba.
Totalmente dolida se acerca lentamente y antes que nuestros labios se junten escucho el sonido estruendoso de las ambulancias, es un sonido molesto que se distorsiona cada vez más, me marea un poco, ella se desvanece, todo se torna muy oscuro hasta que despierto de aquel sueño. Ese sonido estruendoso solo era la alarma que trae devuelta a mi realidad.

Me visto, tomo una taza de café y no hay nadie al lado. Naiara se alejó de mí hace 9 meses porque empecé a comportarme como un idiota y eso afectó nuestra relación.
Salgo de casa con aspecto desagradable, camino hacia el paradero de autobuses, llego a la oficina a encerrarme 8 horas arreglando papeles de la empresa, escribiendo documentos, asistiendo a las reuniones de comité y escuchando gritar a un jefe que cree ser el rey del mundo.

6:00 pm salgo del trabajo y me dirijo otra vez al paradero, en el camino hay otra parada de autobuses, en él siempre veo a Naiara, su sonrisa y mirada siguen siendo igual de bellas.
Al regresar a casa, preparo otro café, me siento a escribir un rato y después de eso me acuesto a dormir hasta que suene la alarma otra vez y ser preso de la rutina todas las semanas.

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